4 de enero de 2011

¿Qué va a decir la gente de tí?


La gran mayoría de los seres humanos vivimos aceptémoslo o no, de una forma u otra, preocupados por lo que otros puedan decir u opinar de nosotros. Desde cosas tan superficiales como vestirnos, hasta en cosas tan trascendentes como la religión que decimos practicar, o las opiniones que sobre política, moral o cualquier tema hemos de externar... 

  El miedo al ridículo, a la crítica o a la condenación de otros es el pan del cual alimentamos nuestro actuar diario a través de toda nuestra vida. La mayoría cuida que sus opiniones sobre las cosas sean lo “más aceptables” posible o “congruentes” con la sociedad.

Tratamos de hacer las cosas siempre en miras del reconocimiento ajeno y de lo que se supone que es correcto en sociedad. De no hacer lo anterior nos exponemos a no ser aceptados dentro de los círculos sociales en que nos movemos.

En aras de quedar bien con el entorno social, nos sumimos en una falsa careta, en un falso disfraz de personalidad que se transforma en nuestro motivo principal de preocupaciones. De tal forma que nuestro pensamiento está demasiado ocupado en el que dirán, que dejamos de ver por lo que mas importa; nosotros mismos y lo que a nosotros nos gusta, interesa y lo que deseamos en el fondo de nuestra alma.

El sistema social-psicológico está estructurado de tal manera que somos el producto de otros. Llegamos a asemejarnos a clones de los demás (todos estudiando las mismas carreras, todos vistiendo lo último en pantalones o peinados, todos opinando lo mismo de cual o tal tema, todos persiguiendo los mismos “sueños” de supuesta “realización” ).

Uno de los ejemplos más evidentes de esto es la llamada moda.

Los arquitectos de la publicidad y la mercadotecnia saben que el poder de imponer moda y su consumo se basa en esa dependencia psicológica que las personas tienen al miedo del que dirán, de hecho es un miedo al rechazo, temor que nace por no vivir realmente nuestro ser.

El poder de las modas, sean de ropa, de autos, modos de hablar, modos de comportarse, se basa en la tendencia de los grupos sociales a comportarse como masa, como un rebaño dispuesto a consumir lo que sea necesario para sentirse aceptado y realizado en su entorno. La moda es sólo el ejemplo más superficial de la manipulación tan fácil que pueden lograr los encargados de aprisionar la mente de la raza humana, cuando la misma gente lo permite.

¡Hey amigas(os)!, ¿qué somos? ¿Simples borregos acaso? ¿Acaso eres un títere que el titiritero puede manejar a voluntad? Puedes hacer una reflexión en tu vida y recordar cuantas veces no sacrificaste tus deseos más profundos sólo por el miedo a la crítica y al juicio de los demás, para quedar bien con la familia, con los compañeros de trabajo, con los círculo de amigos,etc.

Si te importa el juicio de los demás sobre cosas de tu propia vida al grado de que tomes tus decisiones en base a ello, con miedo, entonces no estás viviendo tu propia vida sino la de los demás.

Cuando uno decide desprogramarse de tantas cosas que nos enseñaron desde niños, entonces hay la posibilidad de descubrir una luz nueva y un placer intenso en ser nosotros mismos, en ese estado actuarás y fluirás con tu alma de forma natural, y la crítica o rechazo de las personas no serán para ti problema alguno, sino una prueba evidente de que estás renaciendo y desprogramándote de todo este cúmulo de reglas sociales, morales y psicológicas (los “debe y no debe ser”, los “es bueno o es malo”, lo “aceptable y no aceptable”), reglas con las que unos a otros nos atamos mutuamente y hacemos de nuestras vidas en comunidad un circo de apariencias y una prisión mental. ¿Y tú, la vida de quien vives?

Que pases un maravilloso y diferente día...sin importar lo que digan.

Hasta Pronto

Salvador


Nota: Artículo también publicado en artefemenino.net


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