8 de agosto de 2013

Nada es seguro ni permanente. ¡Pero qué buena noticia!


Menciono 4 situaciones fuertes y dolorosas en que las que la visión rutinaria de la vida se detiene brevemente, es aquí donde existe la oportunidad, si la aprovechamos, de renacer, de crear y de despertar:

-La muerte de alguien cercano
-El rompimiento de una relación amorosa muy profunda
-Pérdida de un empleo muy necesario o de una propiedad.
-Haber pasado por un fuerte shock debido a un evento triste, peligroso o cercano a la muerte.

En estos momentos es cuando la conciencia está confundida ya que la seguridad, los parámetros y las... 

cosas de la vida normal se paralizan, se ponen en duda, se desquebrajan.

No existe la seguridad. Nada es seguro. Nada está por sentado. Las compañías de seguros, los bancos y las religiones han explotado esta premisa para vendernos una “falsa seguridad”, haciéndonos creer que con esos ahorros, esas pólizas, esas penitencias y confesiones hemos resuelto el problema de lo incierto y consentimos en ser arrullados en aras de la estabilidad.

La estabilidad no existe, lo comprobamos cuando la muerte, el rompimiento, el despido, las conductas diferentes de los demás, los cambios del planeta nos sorprenden de cerca. La vida fluye y cambia incesantemente siempre espontánea siempre nueva y mágica, pero las personas pretendemos embotellarla y darle un sentido de perdurabilidad, de hacerla algo concreto y conocido. Esa es la mentalidad.

Queremos que nuestros amigos y parejas nunca cambien. Que siempre se amolden a la imagen que tenemos de ellos. Pretendemos que las reglas de la civilización y las creencias de la ciencia, la religión y la vida todas permanezcan pues así nos dan un sentido de seguridad y familiaridad.

Vivimos en un falso refugio de quimeras transformadas en cosas serias y maduras. Y tenemos miedo al cambio y nos encargamos de reprimir a aquellos que se atreven a pensar o ser diferentes a la mayoría. Todo porque atentan contra nuestra infantil visión de la vida.

Pero eso es lo hermoso de la vida, nada es seguro, todo cambia, aceptar y vivir ese hecho es lo que puede despertar al ser rutinario y temeroso en que nos hemos vuelto la mayoría de los seres humanos en esta civilización.

Si te han sucedido o te acaban de suceder alguna de estas cuatro cosas o algo fuerte, es momento de usarlas a tu favor, todo estará bien, porque a final de cuentas gracias a Dios nada es permanente…nada es seguro…y todo cambia.






2 comentarios:

  1. Las cuatro me han pasado, en un periodo tiempo menor a cuatro años, Salvador. Te mando un abrazo, y que estes muy bien.

    Si, son experiencias que nos cambian y nos transforman, nos hacen cambiar por completo....

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  2. Hola, Gracias Estrella, un gran abrazo para tí. :-)

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